Ensalada de espinacas, queso feta y granada (Marta)

Ensalada de espinacas, queso feta y granada

Tras unas cuantas semanas de recetas exóticas pensé que estaría bien volver a la cocina de toda la vida y proponer alguna receta españolísima, de esas que, en su versión más auténtica, podemos encontrar en el libro de cocina de la Sección Femenina de la F.E. de las J.O.N.S. Ese libro impagable que a los menores de 40 les sonará a chino (o, más bien, a norcoreano por aquello del totalitarismo franquista) pero que marcó las vidas de nuestras madres y llenó nuestra más tierna infancia de platos con nombres tan evocadores como Rape alangostado, Coles de bruselas a la Mornay o Sopa al cuarto de hora. Un libro que heredé de mi madre y que se cae a trozos pero del que todavía echo mano para masas y salsas complicadas.

Todo esto no sé por qué os lo cuento, ya que al final descarté esa posibilidad (no exenta de gracia) para decidirme por esta receta mucho más ligera, sencilla y, por qué no decirlo, más propia de nuestro tiempo…y que me ha permitido salir del paso con las cuatro cosas que tenía en la nevera. Aunque me la inventé un poco sobre la marcha, ya había comprobado en otras ocasiones que el sabor salado de las aceitunas negras y el queso feta le iba genial a cualquier fruta dulce y con alto contenido en agua, así que podéis sustituir la granada por melón o mandarina y el resultado será muy parecido.

Ingredientes para 4 personas

200 gr de espinacas frescas; 1 huevo; 2 cebolletas de primavera; 50 gr. de queso feta; 1/2 granada; un puñado de aceitunas negras; un puñado de nueces; sal, aceite y vinagre balsámico

Preparación

Como podéis imaginar, la máxima dificultad de esta receta está en decidir en qué fuente servirlo. Aún así, os cuento cómo hacerla.

Ponéis a cocer un huevo. Laváis la espinacas y descartáis los tallos.  Disponéis las hojas cortadas en trozos ni muy grandes ni muy pequeños en una fuente plana o plato grande. Cortáis las aceitunas negras en rodajas, la cebolleta en láminas y desmenuzáis el queso feta con las manos para conseguir un efecto migado. Cuando el huevo esté cocido, lo cortáis en trocitos  y lo añadís a la ensalada junto con las nueces picadas. Termináis repartiendo las semillas de granada estratégicamente para dar ese toque intenso de color.

Para desgranar la granada (valga la redundancia), hay un truco infalible: cogéis la media granada, le dais la vuelta y la golpéais repetidamente con una cuchara por la parte de la cáscara. Las semillas irán cayendo una tras otra hasta vaciarse por completo.

Aliñáis con la sal, el aceite y el vinagre o con cualquier otra vinagreta que se os ocurra: de naranja, de cebollino, de mostaza y miel…y listo calixto!, ya tenéis una ensalada fresquita y muy saludable gracias a las espinacas, ricas en fibra, ácido fólico, vitamina K, magnesio y potasio y a las propiedades antioxidantes de la granada.

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